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jueves, 14 de enero de 2010

Sobre la persona y la personalidad

Iniciamos nuestra conversación sobre el tercer y último capítulo.

El núcleo de las páginas que vamos a comentar ya fue visto, en cierta medida, hace unas semanas. Tal vez lo más destacado sea subrayar:
1. Que considerar que la razón por la que dos personas son distintas es que tienen dos personalidades distintas es un claro error. El principio de la diferencia es el acto de ser. De ahí nace la diferencia en el obrar (la personalidad). Obviamente lo primero en el orden "de importancia" -ontológico, se llama- es la persona. El obrar sigue al ser, no el ser al obrar.
2. La noción de personalidad por referirse al obrar tiene su madurez en el modo de obrar.
3. La noción de persona puede caracterizarse por una serie de NOTAS. Parece que aportar una definición de algo que es primigenio es "lógicamente" imposible, es decir, no puede darse de ello una definición "esencial" -tal y como explicamos en su día-.
4. Existe un argumento para mostrar por qué hay un crecimiento del ser personal, y por qué se da en ese sentido. Os animo a deteneros en dos frases: el crecimiento del ser personal "tendrá que concurrir en el ser mismo, según se da en el origen" (p. 177) y consistirá en "comunicar aquello que el operante es en acto" (p. 178).
5. En cuanto a las referencias al celibato, entiendo que pueden explicarse de diversos modos: en el texto se sigue uno de ellos. No es, creo, lo fundamental.
Así, hablaremos sobre las páginas 169-182, centrando la atención en la segunda parte del capítulo, la que trata sobre la persona -puesto que de la personalidad ya hemos hablado largamente-.
De nuevo os animo a hacer comentarios breves, de modo que la conversación de ágil y, en la medida de lo posible, podáis leeros unos a otros.
Un cordial saludo a todos.